Septiembre es el mes de la vuelta al cole, por eso recuperamos uno de los trabajos que hemos hecho en estos dos años y pico de ausencia blogueril  para hacerle un pequeño homenaje antes de que empiece octubre.

Nuestra clienta Carmen repitió Amarquimia trayéndonos un preciado objeto popular en la infancia de nuestros padres y abuelos: un pupitre clásico de los años 50 del que quedaba la parte superior y a la que años más tarde, adjuntaron unas patas hechas en madera de pino.

Las imágenes de los coles de antes eran algo así, aulas llenas de niños de uniforme que normalmente tenían edades muy variadas. La forma de la enseñanza ha evolucionado mucho y con ella también, el mobiliario de las aulas y bibliotecas.

El diseño de aula de principio de siglo XX que todos tenemos en mente viene de finales del XIX con el modelo que Cardot incluyó en los colegios de París, esta nueva visión se fue extendidendo hasta llegar a nuestro país: bancos corridos con un adosado pupitre-asiento anclados al suelo, lo normal era que fueran de 2 ó más alumnos pero también los había individuales.

Los espacios de enseñanza de las clases más populares eran sobrios y seguían un patrón general, los niños solían acudir al colegio a aprender a leer y escribir y las tres reglas y enseguida se los colocaba a trabajar o ayudar en las casas. Algunos niños apadrinados tenían la suerte de estudiar un poco más y los más afortunados harían el bachiller.

Trabajo que hacer: restauración, reparación y entelado interior de un pupitre antiguo que conserva original la parte superior y como pata tiene un adosado hecho ex profeso muy posterior. Las maderas son diferentes, necesidad de acercar colores.

Empezamos a trabajar el decapado para retirar los barnices tan oscuros y brillantes y remozar la pieza. Posteriormente retiramos las tablas que sujetaban el tablero y lo encolamos correctamente, corregimos el color para acercar las maderas, protegimos debidamente y entelamos. Sin más dilación, los resultados…

Este pupite tiene la particularidad de que es doble, tiene un acceso por cada uno de sus lados y consecuentemente, sus tableros son abatibles por cada uno de sus puestos. Es muy probable que no fuera de escuela porque en las aulas todos los puestos miraban hacia adelante, donde estaba el profesor y no se diseñaban pupitres que se miraran entre sí. Puede que perteneciera a alguna biblioteca o espacio donde un maestro enseñara de forma particular y para tal fin fue encargado al ebanista-carpintero que había en todos los pueblos, también es posible que un padre de familia lo mandara hacer para su casa pero nos decantamos más por lo anterior porque probablemente las patas estuviera sujeta al suelo y por ello, sólo conservaron la superior.

El entelado nos quedó fantástico: nuestra clienta eligió la tela “Monumentos” que tenemos en stock y además de darle alegría a la pieza, respetaba su edad y estilo.

Trabajo terminado y otra pieza más restaurada para que dure muchos muchos años.

¡Feliz semana!