A nuestro taller de restauración nos llegan muchos muebles para dejarlos en madera lavada, hay una vuelta a la naturalidad. Nos encontramos con el origen del mueble antes de ser vestido, normalmente de oscuridad, y es un placer oler el picante característico del roble, como en la mesa de comedor, o el olor de las maderas tropicales de estas mesillas, como a selva mojada.
Anabela es una mujer con mucha intuición y desde luego, sabe lo que quiere, así que por recomendación de una compañera de trabajo, dio con nosotros y nos encargó el decapado de su mesa de comedor de roble. Una vez desnuda, resultaba demasiado clara, de manera que fuimos dándole capas muy finas de barniz mate con un tinte de nogalina muy diluido. Así, poco a poco, fuimos construyendo el color:

Uno de los motivos de decidir decaparla fue, además de que a la clienta le apetecía más clara, que la acetona había caído sobre el tablero de la mesa dejando unos rodales muy feos.





Así quedaría incluida en la decoración de un salón:

María nos encontró por Internet y nos encargó el decapado de sus mesillas, ella es artista e intuía muy bien que debajo de ese barniz tan oscuro latía una madera digna de revelarse. El acabado lo tenía claro: barniz incoloro mate. El dibujo y la gama de colores del paja al rosado que inunda la veta es digno de ver: en vivo y en directo, esta madera es muy muy bonita. Rematamos el trabajo puliendo los cierres que, junto con la forma cúbica de la mesilla, le otorga un aire caja fuerte, efecto muy suavizado gracias a nuestra restauración.







Este fin de semana seguimos trabajando en nuestros desnudos porque tenemos una mesa de pino Canadá antigua esperando su turno de restauración. Que ustedes lo pasen bien! Buen finde!
