Cambio radical: el Sillón Superviviente, una historia mágica con 3 Marías

Érase una vez un sillón cuya historia no es ningún cuento, sucedió de verdad y yo conozco a las 3 Marías implicadas. Todo empezó con un incendio y ha acabado con el Sillón Superviviente en un nuevo hogar y con un look de lo más transgresor. Arrancamos un post bonito bonito y con moraleja, atiende…

Hace unos pocos meses recibimos un mensaje en el que nos contaban que tenían un sillón del que necesitaban desprenderse pero al que le guardaban un apego muy fuerte y que por ello no lo querían tirar. Nosotros atendimos a la llamada de recogerlo movidos por la emotiva historia que rodeaba al sillón , aún teniendo serias dificultades de almacenaje. La recuperación de esta pieza ha sido un trabajo muy interesante para nosotros y el resultado es bastante satisfactorio.

Nuestra historia empieza allá por los años 80 en una casa de Cartagena, allí vivía una familia en la que había dos Marías, una madre y una hija. Un día el matrimonio se marchó de viaje y la hija adolescente se quedó en casa de los abuelos.

Durante ese viaje, la pareja recibió una llamada urgente: su casa familiar estaba ardiendo, por lo visto, causado por un cortocircuito provocado por el sobrecalentamiento del timbre bloqueado.

Corrieron todos hacia su hogar muy angustiados, sólo tuvieron tiempo de ver cómo el fuego devoraba todo lo que había dentro. María hija nos hablaba de la sensación desgarradora de ver sus fotos retorcidas y consumidas, pudieron salvar muy pocas cosas, casi toda su vida y sus recuerdos se quedaron allí.

Pero como ocurre en tantas historias, el más destructor de los fuegos, físicos o metafóricos, siempre deja algún superviviente, quizás no el que más nos gustaría o el que más falta nos hace o el que más queremos, a veces deja lo que deja porque ese camino debe de quedarse abierto y continuar discurriendo, quién sabe hacia dónde.

De aquel hogar y de aquel fuego, una de las pocas cosas que quedaron fue este sillón, sus compañeros de fatigas (el sofá a juego y creo que había un gemelo a éste) ardieron como brujas en el Medievo. Resguardado en una esquina, fue testigo pero apenas le quedaban unas marcas en la tapicería de los brazos y del asiento.

El sillón fue a parar entonces a casa de los abuelos de María hija, padres de María madre, y allí tuvo un papel fundamental en los últimos años del abuelo, pasó a ser su sostén diario, el lugar donde él pasaba todo el día, tranquilo y acogido por un mueble que ya sabía lo que era la vida.

Tras la muerte del abuelo, allí quedó, como un mueble más, sin dueño, esperando su momento, hasta el día de hoy, en el que María hija dio con nosotros y sintió que nos teníamos que ocupar de darle nueva vida a este Superviviente, y eso hicimos.

En pleno proceso de destapizado nos encontramos una pesetica rubia, y ya estaba claro que íbamos a tener fortuna en este proyecto.

Le dimos bastantes vueltas, ¿lo retapizamos entero? la tela nos gustaba mucho y decidimos intervenir allí donde fuera necesario. Por otro lado, a mí la estética de los brazos no me convencía, parecía que se estaba encogiendo de hombros, así que terminamos desnudando los brazos y dejándolos en su esqueleto. Con esto y con una tela moderna que nos cuadrara con la suya original, procedimos a la Amarquimia.

El diseño pues se centró en las siguientes áreas:

1- ¡Fuera la tapicería de los brazos!

2-Pintado de los brazos y construcción y tapicería de los reposabrazos. Pasamos primero por dejar toda esta estructura en color madera pero estaba muy fea, llena de marcas de corte y de masillas y después de tenerlo barnizado y todo, volvimos a prepararlo para darle pintura.

3- Cambiamos la tapicería del asiento que estaba marcada y elegimos una tela que sacara a todo el conjunto de su anterior estética más ochentera.

4- Para aunar ambas telas, forramos unos botones en el amarillo de la nueva tela y rematamos el tapizado del asiento y del respaldo.

terminamos el trabajo y avisamos por supuesto a María hija para que lo viera. En la Jornada de Puertas Abiertas Navideña vino ella y además trajo a su madre, allí sin saberlo se juntaron las 3 Marías de esta historia porque la nueva dueña también estaba allí.

La tercera María reformó su casa hace unos meses, ésta es su primera casa propia y, como perfeccionista que es, le puso mucho esmero y cuidado en la obra misma y en su posterior amueblamiento, poco a poco, paso a paso. El caso es que a ella le gustó el sillón, le recordaba al trabajo que había hecho en su salón, dejando sus pilares desnudos, en el hormigón, pero no se lo llevó porque su camino de poner casa no estaba todavía en ese punto.

Semanas más tarde recibimos la llamada de un buen amigo, al que además llenamos la casa de cojines Amarquimia. Próximamente era el cumpleaños de la tercera María en discordia y deseaba hacerle un buen regalo para su casa, yo le hablé entonces de este sillón y él aceptó enseguida la propuesta. Si no le gustaba, volvería a nosotros sin ningún problema.

Pero María decidió quedárselo y el Sillón Superviviente ya no sólo tenía un nuevo aspecto sino también un nuevo hogar.

Cristina, amiga de la tercera María, probando el sillón Superviviente.

Y así empieza una nueva historia para este Sillón Superviviente y para su nuevo hogar. Informé a la María Hija de que el Sillón Superviviente ya tenía un lugar y ésta me envió un mensaje para su nueva dueña: «dile que lo cuide, que él la cuidará a ella»

Yo creo firmemente en la magia, señores, y es por eso que la veo cada día, quizás es porque me fijo en las pequeñas cosas, en los pequeños milagritos diarios. Deseo que hayáis disfrutado de esta historia al menos una pequeña parte de lo que nosotros al participar en ella y que yo al contarla.

Buena semana, amarquimizadores.

 

About the Author:

Creativa de nacimiento y emprendedora de convicción. Mi vocación es ser disoñadora y junto con mi compañero Javi Vidal lo aplico diariamente a la restauración y tapicería de muebles para crear nuestro particular Mundo Amarquimia.